Picón Blanco (1.512 m) 20-02-2016 por Estibaliz Dilla
Hoy es lunes, tengo agujetas y catarro, no paro de estordunar, pero incluso con esta
congestión nasal voy a intentar plasmar este estupendo fin de semana que nos ha
regalado la nieve y el sol. El sábado nos fuimos hasta tierras burgalesas donde anida el
hielo, y la nieve bajo la caricia de los rayos del sol se convierte en un manto de
diamantes. Esta salida ha sido la más multitudinaria que hemos tenido desde que se
fundó Aixe-mendi, 18 mendizales ni más ni menos.
Tras aparcar en Bárcenas( muy cerquita de Espinosa de los Monteros), comenzamos a
caminar provistos de gorro, guantes, bastones, gafas de sol, crema solar y demás
complementos. Al principio tuvimos varias caídas en el comienzo del camino debido al
hielo, pero no hubo que lamentar daños mayores. Anduvimos un rato sin raquetas hasta
que tuvimos suficiente nieve para poder usarlas sin problemas. Pronto nos dimos cuenta
que no íbamos a pasar nada de frío, pues enseguida el sol calentó y con el esfuerzo
entramos en calor enseguida y parecía que sobraban los guantes y el gorro. Fuimos gran
parte del camino siguiendo el curso del río que a ratos vadeábamos y cuando ya nos
cansamos de él, acometimos monte arriba sin sendero claro hacia nuestro objetivo que
se divisaba en lo alto, la base militar que descansa sobre cima. Las raquetas fueron
abriendo camino siempre subiendo y la cuesta se hacía más exigente a cada raquetazo.
Después de un buen rato haciendo zig-zags entre las ramas del bosque salimos al
camino de verdad, que era más llano, mucho más ancho y que se dirigía sin pérdida a la
cima y que sin embargo a algunos nos costó más que la subida a través del bosque ya
que acuciábamos el peso de las raquetas en nuestras piernas y el cansancio hacía mella
en nosotros. Hacia la 13:00 del mediodía hacíamos cima. A pesar de que mis pies
estaban pidiendo a gritos quitarse las raquetas, las vistas tan hermosas desde la cima
miraras donde miraras hacían que el cansancio desapareciera por arte de magia. No
pudimos quedarnos mucho rato en la cima, así que un par de tragos de agua y unas fotos
después, comenzamos a desandar el camino, y ésta vez dejamos el río a un lado. Gran
parte del descenso fue por camino claro y ancho, hasta que llegados a un punto torcimos
a la derecha ya en un descenso más pendiente, donde algún componente del equipo tuvo
problemas para sacar la raqueta-pie del agujero donde se había metido pero gracias a los
castores excavadores del equipo pudimos liberar a nuestra compañera. En la última
parte del descenso algunos nos empeñamos en dejar deslizar nuestro pantalones por la
alfombra blanca, y poco después ya nos liberamos de las raquetas. Para cuando
llegamos al coche eran ya las 15:45 horas, y la mayoría de nosotros llegábamos con
bastante hambre, que enseguida fue aplacada en Las Machorras, a base de alubias,
paella y variadas carnes suculentas. Yo llegué con las botas y los calcetines calados, es
por ello que os escribo desde mi estado viral.
Quiero dar las gracias a los ya conocidos Gorka, Javi, Alek, Legor, David, Gonzalo,
Janire, Fran, Andrés, Miguel, Rául, Aritza, Maíra, Esther, y a los nuevos Amaia, Ane y
Fernando. Creo que no me he dejado a nadie por el camino. Espero que los nuevos se
hayan llevado una grata impresión de Aixe-mendi y quieran volver a experimentar
nuestra compañía.
Ondo izan